Ligamentos Mentales del TDAH

Descubre el mecanismo secreto del TDAH que explica por qué los fármacos (a veces) no son suficientes y qué hacer al respecto

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Cómo un accidente deportivo me ayudó a descubrir el secreto del TDAH

 

Estoy en clase de levantamiento olímpico.

Llevamos más de media hora practicando el Snatch y  sentadillas con la barra sobre la cabeza.

Es uno de los movimientos que más me cuestan…

Y casi al final, ya fatigado, en una repetición que podría haber dejado para otro día…

BAM!

Se me cayó la barra hacia adelante.

Lo malo fue que no la solté a tiempo...

Y al rebotar me golpeó en el pulgar de la mano izquierda.

¡Auch!

Lo peor fue que me rompí un ligamento del pulgar.

Me tuvieron que operar a los pocos días para fijar el ligamento al hueso con un anclaje.

De otro modo el pulgar iba a quedar “bailando” en el aire.

Not good.

Por suerte me recuperé y ahora mi mano funciona igual de bien.

Quedó como nueva.

Ahora, ¿qué tiene que ver esto con el TDAH?

Mira.

Creo que es la analogía perfecta para entender uno de los problemas centrales del TDAH del adulto:

Lo que llamo los “ligamentos mentales del TDAH”.

¿Cómo así?

Ahora te explico…

Antes una pregunta.

Dime si esto te suena familiar:

Tienes que comenzar un proyecto...

y sabes exactamente lo que tienes que hacer...

De hecho, quieres hacerlo… y aun así pasan y pasan las semanas…

y simplemente no logras hacerlo.

Si tu respuesta es sí (a mí me ha pasado toda la vida), sigue leyendo.

Porque vamos a ver por qué nos pasa esto... y cómo solucionarlo.

 


El problema no es que no sepas qué hacer

 

Se sabe: el origen del TDAH es neurobiológico.

Involucra diferencias en el funcionamiento de ciertas regiones cerebrales relacionadas con las funciones ejecutivas.

Las funciones ejecutivas son como el CEO del cerebro.

Tienen que ver con nuestra capacidad de autogestión, organización, manejo del tiempo, motivación, regulación emocional, etc.

Cuando las funciones ejecutivas fallan, nuestro rendimiento se hace constantemente… INCONSTANTE.

A veces muy bien...

A veces muy mal...

Y eso puede tener consecuencias bastante brutales.

Porque puedes ser perfectamente capaz de hacer algo…

pero no conseguir hacerlo de manera consistente.

Puedes tener grandes ideas…

pero enormes dificultades para llevarlas a cabo.

Puedes ser MUY inteligente…

y tener una vida que no refleja ni remotamente todo lo que sabes que eres capaz de hacer.

Ese es uno de los aspectos más devastadores del TDAH.

 


Entonces… ¿qué podemos hacer al respecto?

 

En primer lugar, la intervención con mayor evidencia empírica es el tratamiento farmacológico.

Los medicamentos pueden ser de GRAN ayuda.

(Especialmente los estimulantes, como el metilfenidato.)

Los efectos positivos de los medicamentos se dejan sentir… y rápido.

Mejor concentración.

Más energía.

Más motivación.

Claridad mental.

Etc.

Pero no está garantizado que funcionen en todas las personas…

y hay quienes no pueden tomarlos por distintas razones.

Incluso si estás entre los afortunados que sí pueden (y quieren) tomarlos…

aun así no van a resolver TODOS los problemas.

Como dicen:

Pills don’t teach skills.

Lo que nos lleva a la otra intervención con mayor respaldo empírico:

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC).

La TCC puede ser muy útil para desarrollar habilidades de organización, planificación, manejo del tiempo, reducción de distracciones, etc.

Muy bien.

Sin embargo…

En mi experiencia, aunque combines ambas cosas, no siempre es suficiente.

Porque hay un problema mucho más sutil.

Y es precisamente aquí donde vuelve a aparecer mi ligamento roto.

 


Sabemos lo que tenemos que hacer

 

En primer lugar, tengo que agradecer a mi colega el Dr. Russell Ramsay por esta analogía.

En su trabajo con adultos con TDAH, él plantea que muchas veces el problema no es que no sepamos qué tenemos que hacer.

El problema es la ejecución de eso que sabemos que tenemos que hacer.

 

No es un problema de conocimiento...

Ni tampoco de inteligencia.

(La mayoría de mis pacientes son personas MUY inteligentes.)

El problema está en la transición desde:

“Sé lo que tengo que hacer.”…

a:

“Ya lo estoy haciendo.”

Ahí es donde nuestras mejores intenciones se pueden descarrilar.

 


Lo que llamo los “ligamentos mentales del TDAH”

 

Cuando me corté el ligamento del pulgar, mi dedo seguía ahí…

Los músculos seguían ahí.

Los huesos seguían ahí.

Pero algo fundamental se había cortado:

la conexión que permite que esas estructuras trabajen juntas correctamente.

Por eso la mano no podía funcionar como antes.

Ahora piensa en lo que ocurre entre:

INTENCIÓN: “Quiero hacer esto.”

ACCIÓN: “Estoy haciendo esto.”

 

...

Si el ligamento que conecta intención y acción no funciona como corresponde…

podemos saber perfectamente qué tenemos que hacer…

y aun así no hacerlo.

Cuando me corté el ligamento del pulgar, a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido decirme que levantara más peso para “fortalecer” la mano.

Y si el ligamento mental del TDAH está débil, tampoco tiene mucho sentido tratar de usar más fuerza de voluntad para hacer las cosas.

¿Verdad?

Obvio.

Entonces la pregunta es:

¿Qué sucede en ese espacio entre la intención y la acción?

 


El instante que lo decide todo

 

El Dr. Ramsay lo llama el point of performance (POP).

El punto de ejecución.

Es un intervalo de pocos segundos que existe entre la intención y la acción.

Dime si esto te suena familiar:

Tienes perfectamente claro lo que tienes que hacer…

te sientas frente al computador…

abres el documento…

y justo antes de comenzar… algo te frena.

Abres una pestaña.

Te llega una notificación de WhatsApp.

Abres Instagram.

Buscas algo en Google.

Te acuerdas de otra cosa.

Y, sin saber cómo…

han pasado dos horas.

(o 3 o 4)

¿Qué pasó?

Varios estudios recientes han ido iluminando lo que sucede en ese instante.

Y tiene TODO que ver con la cognición.

Los pensamientos que surgen en ese intervalo funcionan como una especie de ligamento entre la intención y la acción.

Y dependiendo del tipo de pensamiento que pase por nuestra mente en ese momento, va a ser más probable… (o menos probable)… que pasemos a la acción.

Ahí está el quid del asunto.

 


El problema es que aprendemos las herramientas… fuera de ese momento

 

La TCC combina elementos cognitivos y conductuales.

Por un lado, desarrolla habilidades como planificar, priorizar, organizar, manejar el tiempo y reducir distracciones.

Por otro, trabaja con los pensamientos, emociones y patrones cognitivos que pueden interferir con la acción.

Todo esto puede ser muy útil.

Pero hay otro elemento que me parece fundamental:

Las intervenciones se enseñan durante la sesión.

Aprendes una herramienta.

La entiendes.

Practicas.

Todo muy bien.

Pero después tienes que aplicarla en la vida real.

En otro momento.

Cuando estás cansado.

Cuando estás aburrido.

Cuando estás frustrado.

Cuando aparece una distracción.

Cuando aparece ese pensamiento que te dice:

“Después.”

Y es precisamente ahí donde muchas veces se rompe la cadena.

Por eso no basta con aprender qué hacer.

Tenemos que aprender a trabajar con lo que ocurre en el momento de hacerlo.

 


Y aquí es donde el rompecabezas comenzó a completarse

 

A los 38 años, al terminar el pregrado de Psicología, recibí mi diagnóstico de TDAH.

“Esto explica muchas cosas.”

(Fue lo primero que pensé.)

Después vino una pregunta inevitable:

¿Cómo habría sido diferente mi vida si hubiera sabido esto antes?

A partir de ese momento me sumergí en túneles monotrópicos, explorando los laberintos de la literatura científica…

Y también empecé a experimentar.

Conmigo.

Con mis pacientes.

Con mis alumnos.

Durante los últimos 17 años he estudiado, probado y enseñado herramientas provenientes de distintas disciplinas:

Terapia Cognitivo-Conductual.

Mindfulness.

Acceptance and Commitment Therapy.

Estrategias específicas para procrastinación.

Y, poco a poco, fui comprendiendo que no necesitaba otro hack de productividad.

Necesitaba herramientas que pudieran funcionar en el momento en que realmente las necesitaba.

En ese pequeño espacio entre:

“Quiero hacerlo.”

y

“Lo estoy haciendo.”

Así nació el sistema que quiero compartir contigo.

 


El Sistema Completo para Entrenar tus “Ligamentos Mentales”

 

He reunido en un solo lugar las herramientas que he desarrollado y utilizado durante años para trabajar con mis pacientes y ayudarlos a salir adelante.

No es magia.

No es un truco.

No depende del “poder del pensamiento positivo”.

Y tampoco se trata de intentar convertirte en una persona neurotípica.

Se trata de aprender habilidades.

Y entrenarlas.

El sistema incluye cuatro programas.

 

El Programa

Revisa acá abajo los contenidos del programa. Si hay algún tema que te interesa explorar y que no aparece incluido, vas a poder sugerirlo durante nuestras clases en vivo y yo podré incluirlo en las clases siguientes. 

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El curso va a ser 100% en vivo, así que los cupos son MUY limitados para poder apoyar adecuadamente el aprendizaje de cada alumno/a.

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